Muchas veces creyó que no podría, que nunca más podría volver a intentarlo, o que lo que pudiera construir sería un sinsentido. A veces, ellas la cercaban contra el sueño o en el muro del despertar, para agobiarle todos los sentidos con la burla. Pero se resistía a creer que no volvería a sucederle, que no podría salir de ese hermético envase.
Herrumbre en las paredes de una palabra. Y de otra y de otra. Así, por un tiempo indefinidamente indefinido.
Pero no se resignaba.
Dejaba que aquellas que se burlaban de su deseo de aparcar la inspiración para vivir, creyeran que habían ganado la partida.
Cada vez que miraba en torno suyo, desaparecían todos los fantasmas: son susceptibles a la luz.
Y lo que la rodeaba era luminoso, aunque pareciera sólo un estrecho pasillo entre "la vida" y La Vida. Difícil de comprender, pero ella sabía perfectamente lo que era una y otra cosa. Y también "la muerte" y La Muerte.
Pero esta vez no se trataba de fosas cavadas en la tierra o en los días, sino de caminatas largas y procesiones cortas para alcanzar el abrazo, la risa y la palabra.
Una vez más se acercaron y la envolvieron completa. Aún en el estertor paroxístico, en la invasión desmedida, tomó asiento, encendió el ordenador, las miró a la cara y las escupió, una por una, en el folio virtual.
Dió enter y publicó ésta entrada.
Sólo tienen miedo de morir.
Fotografía:
Ease, by Jill Specht, en http://www.womeninphotography.org