Una puerta se abre. El interior responde en primera persona: Escribo. Leo. Comparto. Por ello, el tiempo es menos despiadado conmigo

Una Luciérnaga en mí

Una Luciérnaga en mí
Dibujo de Roxana
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lunes, 6 de diciembre de 2010

Poetas de mi adolescencia: Idea Vilariño

De tierra charrúa, enorme poeta, mujer que hace del sufrimiento unos versos que arroja a la cara de la vida... y la vida la devuelve poema vivo, aún sin ella.
Idea Vilariño, una poeta que me cubrió muchos días y descubrió muchas noches en mi camino hacia la palabra....



Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto...
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.
Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.
Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.
Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.
Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente... 





miércoles, 21 de julio de 2010

Tertulia +Tam-Tam: sopor con Oliverio Girondo

Noche de sopor y etilos. En cambio, me emborracho con palabras. con poetas y poesía. Un dulce venido de manos de unos brazos tatuados por noches y estrellas, precedió a Girondo en la ronda de poetas. Qué placer, qué gusto degustarlo entre nos, astillas de la carne de la poesía descubriéndose en los dinteles de las puertas arbitrariamente desveladas para que pase el sueño al túnel de la vigilia.

Potentes tiempos. Poesía Ignota. Y conocida. Re conocida.

Adoro la poesía. Y a Girondo, más. (entre tantos!)

vayan pues algunos poemas suyos mezclados con fotos y esa música de fondo que siempre te acompaña en mi blog

En honor a mis contertulios y brindando por mejores tertulias cada vez, señoritas y señoritos: Oliverio For Poetrys!
 



(Dibujo de Alejandra Pizarnik)

No estoy.
No la conozco.
No quiero conocerla.
Me repugna lo hueco,
La afición al misterio,
El culto a la ceniza,
A cuanto se disgrega.
Jamás he mantenido contacto con lo inerte.
Si de algo he renegado es de la indiferencia.
No aspiro a transmutarme,
Ni me tienta el reposo.
Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.
No estoy para lo inmóvil,
Para lo inhabitado.

Cuando venga a buscarme,
Díganle:
"se ha mudado".



Iba a leer ese aquella noche, pero al fin nos dejamos seducir por la locura de las eléctricas mujeres.. pero éste poema es muy.... Girondo




Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a posternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.
 
 
y claro... cómo no! esa prosa suya tan poéticamente incorrecta y ajustada a realidad:
Las mujeres vampiro son menos peligrosas que las mujeres con un sexo prehensil.
Desde hace siglos, se conocen diversos medios para protegernos contra las primeras.
Se sabe, por ejemplo, que una fricción de trementina después del baño, logra en la mayoría de los casos, inmunizarnos; pues lo único que les gusta a las mujeres vampiro es el sabor marítimo de nuestra sangre, esa reminiscencia que perdura en nosotros, de la época en que fuimos tiburón o cangrejo.
La imposibilidad en que se encuentran de hundirnos su lanceta en silencio, disminuye, por otra parte, los riesgos de un ataque imprevisto. Basta con que al oírlas nos hagamos los muertos para que después de olfatearnos y comprobar nuestra inmovilidad, revoloteen un instante y nos dejen tranquilos.
Contra las mujeres de sexo prehensil, en cambio, casi todas las formas defensivas resultan ineficaces. Sin duda, los calzoncillos erizables y algunos otros preventivos, pueden ofrecer sus ventajas; pero la violencia de honda con que nos arrojan su sexo, rara vez nos da tiempo de utilizarlos, ya que antes de advertir su presencia, nos desbarrancan en una montaña rusa de espasmos interminables, y no tenemos más remedio que resignarnos a una inmovilidad de meses, si pretendemos recuperar los kilos que hemos perdido en un instante.
Entre las creaciones que inventa el sexualismo, las mencionadas, sin embargo, son las menos temibles. Mucho más peligrosas, sin discusión alguna, resultan las mujeres eléctricas, y esto, por un simple motivo: las mujeres eléctricas operan a distancia.
Insensiblemente, a través del tiempo y del espacio, nos van cargando como un acumulador, hasta que de pronto entramos en un contacto tan íntimo con ellas, que nos hospedan sus mismas ondulaciones y sus mismos parásitos.
Es inútil que nos aislemos como un anacoreta o como un piano. Los pantalones de amianto y los pararrayos testiculares son iguales a cero. Nuestra carne adquiere, poco a poco, propiedades de imán. Las tachuelas, los alfileres, los culos de botella que perforan nuestra epidermis, nos emparentan con esos fetiches africanos acribillados de hierros enmohecidos. Progresivamente, las descargas que ponen a prueba nuestros nervios de alta tensión, nos galvanizan desde el occipucio hasta las uñas de los pies. En todo instante se nos escapan de los poros centenares de chispas que nos obligan a vivir en pelotas. Hasta que el día menos pensado, la mujer que nos electriza intensifica tanto sus descargas sexuales, que termina por electrocutarnos en un espasmo, lleno de interrupciones y de cortocircuitos.

Oliverio Girondo
Espantapájaros 22
 
 
 
Imágenes:
En visita: Dibujo de Alejandra Pizarnik
En: Que los ruidos te perforen los dientes: (Larry Fink - "Square=image" (1956)
 En Espantapájaros 22: Foto de Robert Farnharm

jueves, 27 de mayo de 2010

De Antología: Amy Lowell, pionera del verso libre

Tomé contacto con la poesía de Amy Lowell en el año 2007. Más, como mi actitud ante cada nuevo verso de un nuevo poeta, es  convertirlo en  un disparador para bucear en su mundo, para conocer más, para llegar más lejos (y para escribir) seguí encontrándome su poesía en mis lecturas.

Entre las crónicas de Amy Lowell (Boston, 1874-1925), se la considera una de las precursoras del verso libre. Premio Pulitzer 1926.

Ojalá también sea un disparador para buscar más información sobre ella, que la disfrutéis y que mueva poesía en nuestro mar de fondo.
In excelsis

¡OH, tú!
Tu sombra es luz de sol en una bandeja de plata;
tus pisadas, un lugar para plantar lirios;
tus manos, al moverse, son un doblar de campanas
                                                                      en el aire inmóvil.
El movimiento de tus manos es la larga y dorada luz del
                                                                                    sol naciente,
el revoloteo de los pájaros en el sendero de un jardín.
Avanzas por la mañana como un perfume de junquillos.
Los potros son menos raudos que tu pensamiento,
tus palabras son abejas alrededor de un peral,
tus sueños son avispas veteadas de oro y negro zumbando
                                                            entre manzanas rojas.
Bebo en tus labios,
como el albor de tus manos y tus pies.
Abro la boca:
semejante a una jarra nueva estoy abierta y vacía.
como el agua clara eres tú, que llenas la copa de mi boca.
Eres como un riachuelo sembrado de lirios.

Eres helado como las nubes,
lejano y dulce como las altas nubes.
Me atrevo a alcanzarte,
me atrevo a tocar tu orilla brillante.
Salto más allá de los vientos,
grito y chillo,
porque mi garganta es fina como una espada
afilada con una muela de marfil.
Mi garganta canta la alegría de mis ojos,
la turbulenta alegría de mi amor.
¿Cómo cayó el arco iris sobre mi corazón?
¿Cómo se enredó el mar entre mis dedos
y cómo cubrió mi cabeza con el cielo?
¿Cómo viniste a habitar en mí,
asediándome con los cuatro círculos de tu mística luz,
hasta que, inclinándome ante ti, como si fueras un altar,
grité: "¡Gloria! ¡Gloria!"?

Habré de torturante pensando en el hoy y en el mañana?
He de creer que el aire es un favor,
la tierra una cortesía
y el cielo un regalo que hay que agradecer?
Tú eres... aire... tierra... cielo...
Pero no te lo agradezco.
Te tomo,
y vivo.
Y las palabras que diga después
son como rubíes engastados en una puerta de piedra.

Amy Lowell, EE.UU. 1874 - 1925
Versión de Agustí Bartra






sábado, 15 de mayo de 2010

Un poema (de tantos) de Carilda Oliver Labra

Magnífica. Perpetuamente una.

Carilda Oliver Labra, escritora cubana. Me enamoré de su poesía cuando leí "Me desordeno". Desde entonces, forma parte de mis favoritos.






La rosa que cortamos
(Carilda Oliver Labra -Cuba, 1922-)

Yo venía con una paz solemne,
con una fiebre de pascua recobrada;
fija al dolor no obstante,
y ya estabas allí:
pálido papel para mis besos,
como una luz humedeciendo el aire,
lejano ruiseñor copioso,
piedra y carne.

La noche izó su túnel.

Todo fue breve:
el vaso,
la soledad del sur donde comimos.

No era,
No podía ser
porque la rosa que cortamos vuela.




viernes, 7 de mayo de 2010

Mahmud Darwish

Uno de mis preferidos: sin duda alguna, un poeta cuya arma fue la palabra.



 Difícil elegir un poema suyo. Elijo este, espero que os guste:




EN EL LARGO ÉXODO TE AMO MÁS
En el largo éxodo te amo más. Dentro de poco
cerrarás la ciudad. Yo no tengo corazón en tus manos ni
camino que me lleve. En el largo éxodo te amo más.
El granado de nuestro honor, después de tu pecho, ha perdido su savia. Leves son las palmeras,
las colinas, nuestras calles en el crepúsculo
y la tierra cuando se despide de su tierra. Leves son las palabras
y los cuentos sobre las escaleras de la noche. Pero mi corazón es pesado.
Déjalo allí, aullando en torno a tu casa y llorando los bellos días.
No tengo más patria que ella. Al partir te amo más.
Vacío el alma de las últimas palabras: te amo más.
Al partir, las mariposas guían nuestras almas. Al partir
nos acordamos de un botón de la camisa perdido y olvidamos
la corona de nuestros días. Recordamos el olor del sudor con perfume de melocotón y olvidamos
la danza de los caballos en la noche de bodas. Al partir
nos igualamos al pájaro, nos apiadamos de nuestros días y nos contentamos con poco.
Me basta de ti el puñal dorado que hacía danzar mi corazón moribundo.
Mátame lentamente y diré: te amo más de lo que
dije antes del gran éxodo. Te amo. Nada me causa dolor,
ni el aire ni el agua ni la albahaca en tu mañana ni
el lirio en tu tarde me causa dolor después de este éxodo.



 

domingo, 28 de marzo de 2010

Unsi Al-Hay o un mandato: ¡Escribe!

 Este poema es un mandato. Y un descubrimiento cada vez que lo releo.
Del gran poeta Unsi-Al Hay

Poeta, filósofo, traductor y ensayista. Cofundador de Shiir. Obras: La cabeza cortada (1963), El pasado de los días que se avecinan (1965), ¿Qué has hecho del oro, qué has hecho de la rosa? (1970), El banquete (1994).






En la escarcha, el abrigo es una palabra



Escribe tu visita en las estaciones. Escribe tu beso en el pan y el vino. Escribe en la sorpresa.
Escribe.
Escribe en el fuego y el laurel: tu deseo, tu espectro, tus sueños.
Mañana volverás a tu señor.
¿A la alegría de tu señor?
A tu señor.
¿A la ira de tu señor?
¡A tu señor!
¿A la merced de tu señor?
¡A tu señor!
Escribe.

Escribe tu ilusión, tu paso, en las referencias y las ventanas.
No eres la primavera que viene cada primavera. Entra y escribe.
Escribe las palabras del mar y de la tierra. Escribe el entusiasmo y el cansancio, la perdiz y la piedra. La dulzura y la fuerza. Escribe el actor y el mártir. La cama y la conciencia. Entrégate a tu mano, deja que tu mano se derrame sobre las fuentes.

Mueres, hombre. ¡Escribe! ¡Escribe! ¡Escribe! Tu disgusto en la nieve, tu ira en el cobre, tu afecto en el sol. Escribe tu amor en todos los ojos.
Que la cerilla sea una palabra en la sombra, el abrigo una palabra en la escarcha, la brisa una palabra en el calor, y una palabra sean la distancia y el encuentro, la boca y el río.
Que los hombres después de ti duerman con la palabra.
Que las mujeres después de ti duerman con la palabra.
Y que la palabra sea tú después de ti.

sábado, 27 de marzo de 2010

Confidencia en Alta Voz

 
Vivo un nuevo ejercicio: leer y releer poesia.
Desde que comencé el  Taller de Poesía, he comprendido 
que hay momentos que son para leer y para guardar lo que escribo.
 Por eso me nutro de ella, 
y a veces descubro que vivo en la cicatriz que dejan los dolores 
de otros poetas, 
nazco en la herida dulce de verme en  ellos....
Hoy dejo este poema.
Para compartir un poco de la vida 
del nacimiento de un poema... y del aprendizaje. La vida es eso. 
 
La poesía, es vida.
 
 
 

 
 CONFIDENCIA EN VOZ ALTA
 
Pertenezco a una raza sentimental,
a una patria fatigada por sus penas,
a una tierra cuyas flores culminan al anochecer,
pero amo mis desventuras,
tengo mi orgullo, doy vivas a la vida bajo este cielo mortal
y soy como una nave que avanza hacia una isla de fuego.

Pertenezco a muchas gentes y soy libre,

me levanto como el alba desde las últimas tinieblas,
doy luz a un vasto campo de silencio y oros,
sol nuevo, nueva dicha, aparición imperiosa
que cae horas después en un lecho de pesadillas.
Escribo, como ven, y corro por las calles,
protesto y arrastro los grillos del descontento
que a veces son alas en los pies,
plumas al viento que surcan un azul oscuro,
pero puedo quedarme quieto, puedo renunciar,
puedo tener como cualquiera un miedo terrible,
porque cometo errores y el aire me falta
como me faltan el pecado, el pan, la risa, tantas cosas.

El tiempo es implacable como un número creciente

y comprendo que se suma en mi frente, en mis manos,
en mis hombros, como un fardo,
y pertenezco al tiempo, a los documentos, a mi raza y mi país,
y cuando lo digo en el papel, cuando lo confieso,
tengo ganas de que todos lo sepan y lloren conmigo.






 Sebastián Salazar Bondy 
(Perú, 4 de febrero de 1924- 
4 de Julio de 1965)