Una puerta se abre. El interior responde en primera persona: Escribo. Leo. Comparto. Por ello, el tiempo es menos despiadado conmigo

Una Luciérnaga en mí

Una Luciérnaga en mí
Dibujo de Roxana
Mostrando entradas con la etiqueta Letras de Mi Oficio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Letras de Mi Oficio. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de junio de 2014




La encontré en la solapa de una chaqueta que he dejado de usar hace ya tiempo. Estaba allí: brillante, lustrosa, como una sonrisa adolescente. La acaricié, recordando momentos de intimidad y de sosiego, de paroxismo y de ojos abiertos mirando la ventana de otro Mundo. Cerré entonces los ojos: desfilaron infinidad de caras, de caricias, de manos en las manos, y también la negrura de la noche abriéndome las venas con preguntas.
Me desperté en el sueño que ahora ya no sueño.
Repasé a penas las teclas grises, con sus letras blancas, y miré la pantalla parpadeante. A un costado una pila de papeles, más allá sobres, cintas, alfileres, cartulinas, tijeras. Y mi cama. El reloj anunciando aquella hora que uno nunca desea que nos toque, salvo que sea diciembre, enero; o junio y agosto.... tic tac, zapatos de tacón, vaqueros, una camisa blanca y un perfume que marca que el espacio es todo mío. Me miro, adormecida, con las manos debajo de la almohada. Vestida con la ropa de otro día. Los pies, desnudos, fríos (siempre fríos).... y montones de motas en el aire, letras con formas diferentes, altas, otras negritas, algunas cursivas, flotando entre el aroma y la respiración de una mujer sin sueño. Me miro en aquel sueño y, te prometo, ya no me reconozco. Ni me son familiares las paredes ni el olor si abro ahora la ventana. Una cortina azul oculta el aire que amanece y entonces...

"Amor, vamos?"

Acaricio, una a una, las perchas con mi ropa, decido no ponerme una chaqueta y antes de cerrar por fin las puertas del armario, pongo la mano y Ella trepa a mis líneas de la vida. Ahora estás conmigo, le susurro. Intentaré abrigarte con las suaves caricias de diez dedos.

Hoy te hallé en la solapa de una chaqueta que no uso desde hace mucho tiempo. Eres Tú, La Palabra, que me acerca al origen y al fin de mi existencia.

Has vuelto a enamorarme, aunque soy otra. Tú sigues siendo Tú. Y te respeto.

Alcanzo a mi marido y le sonrío, el sonríe en espejo y me pregunta, de hecho, me pregunta "qué pasa amor?"  y Tú, Palabra, Tú, te quedas entre sus líneas de las manos y las mías y le digo al oído el mantra que él adora: "necesito escribir, encontré La Palabra". Sin soltarme, me lleva hacia la vida que hemos construido pieza a pieza y que tanto nos gusta.

Enamorada, llena de mariposas que me envuelven el paso bajo el sol, siento que he vuelto.

Aunque ahora sea otra. Soy Yo Misma.

martes, 21 de junio de 2011

Cristal + Intro

Tina Modotti by Edward Weston


Hay un espacio ciego,
una tertulia hueca,
un fango derritiéndose en el polvo,
un cenit de ladrones vagabundos
cortando en dos el día,
una piel que se envuelve y retrocede,
tantas veces,
de la pasión absurda
a la neblina.

hay, ay, ahí.

palabras.

pedacitos de cosas deslucidas
que envuelven, cotidianas
mi inocencia.

qué poco y cuánta nada en este todo!

abdico de servir a los fantasmas

hoy mismo acuñaré
tantas monedas
que el sol ha de ponerse a mi servicio!

miro por la ventana
de cristales manchados
como vive la gente (en apariencia)
y al volver la mirada
hacia el cristal prosaico
de unos ojos
encuentro que una mancha
me reclama.

toma ya mi corona,
voy diciendo
mientras giro al revés
de lo previsto
y escribo estos absurdos versos tristes




Valencia, junio de 2011

jueves, 7 de abril de 2011

Costas



Aquí o allá, tu sangre es algo mía....



Afuera esos que corren,
los que luchan
por llegar siempre a tiempo a todas partes,
y yo con este paso tan cansino
que mira por debajo del tejado
como comen, felices, las palomas...
el ruido de mis dedos en las teclas
se vuelve único ruido que devora
el silencio que habita esta, mi casa,
el rincón donde habito yo con todo
lo que eligió mi paso tan cansado.
Y aquí, en este pedazo de neblina
un sol que abre sus brazos y me traga
iluminando espacios de mi mundo:
tu sonrisa labriega,
el escenario
ese
en el que tu boca, navegando
pone luz, contraluz, fondo y espejo.
Te miro sonreir
y luego miro
la gente que camina por la calle.
Donde quiera que estés
siempre mis pasos
irán mezclando su aire con los tuyos.....



la distancia se puede medir, precisamente, entre uno y otro pensamiento.....

así se acorta
se hace un espejismo
se convierte en te quiero
a toda hora....



no importa a cuántos cuerpos de distancia
esté el cuerpo que tiene algo de tu alma:
ella sabrá encontrar
cada respiro
en la línea que llaman horizonte....





*
-Valencia, abril de 2011 -

domingo, 27 de febrero de 2011

(mirada/s) sobre espejos convexos



"Todavía quedan paises inventados
en los que esconderse para siempre,..."
John Ashbery 





I.- A solas


una serie irredenta de escenarios
desfilan, lentamente,
ante los ojos huecos del espejo:
mira sus manos
con las pecas y arrugas de los años,
luego sus antebrazos,
y sus brazos y sus hombros
(aún brillantes ante la luz más tenue)
sube a su cuello,
trepa por encima de sus pechos piadosos
(sin más caída libre que una luna partida
en dos cálices tibios)
toca su boca abierta,
repta hasta la nariz
debajo de la que el aire
aletea en plena vida,
cierra los ojos
y deja que la yema de sus dedos
separe, sin urgencias,
pestañas y visiones.

Al llegar a las cejas,
sus manos ya se sienten pudorosas
despeja con el anverso
un pensamiento (acaso) sin raíces

y mira en el espejo
cuánta vida
tiene su cuerpo
libre
de pecados




II.- In Eternum

De cóncavo a convexo
van cambiando los cuencos
y las cuentas,
un rosario amarillo vuelve sepia
el recuerdo de alas-fuego-alumbre

en los pies
la piel se ha descalzado de ese polvo
en el que caminaran las hormigas.

duerme aún la planta
más abajo
y un mapa giratorio
va llevando los pasos por la sombra.

Hay sol.
Y una voluble migración de arrobos
le cubre las mejillas.

En la puerta, la Sombra de Su Hombre
viene a buscar
un pas de deux.

Sin prisas.


La eternidad
es joya que se engarza
en la amalgama de sus miradas.

*




sábado, 22 de enero de 2011

El y la ciudad






Foto: Javier Santa Cruz

                                                                                             A mi hijo Javier

ella se detiene para abrirle los brazos,
...triste amante por horas
de asfalto y de rutina,
que él convierte en foco de luz atormentada
serenándola en aguas
temblorosas.

ella, con su  miedo, de hielo, de lejía,
de hornos de ladrillos
ardiendo en los desahucios


ella cree que traga la vida de la gente
y él la regurgita
en un nombre de feria

una bala certera:
su sonrisa de hombre
cayendo a contramano del tráfico
desde el punto más alto
la deja tan pequeña
sumergida en el día



y él
arriba... mirando
por encima de tantas arterias cansadas

 





*



domingo, 2 de enero de 2011

Horizonte vacío (o De la Soledad Habitada)

Imagen tomada de la red, desconozco autor


Los ojos se le destiñeron en la lejía del horizonte vacío.

Una tarde más, el viento formaba remolinos en el sendero que traía silencio desde las laderas bajas que rodeaban el monte de pinos. El sol se mezclaba con la tierra que se levantaba junto a hojas y briznas de hierba, y un silbido quejumbroso rompía el silencio.

En la parte del cielo que se unía al horizonte, las nubes iban adquiriendo el tizne rosado del atardecer, mezclado con el ceniciento que se evaporaba junto al humo de su tabaco.

Como cada día, la buscó en cada rincón pero no pudo hallarla. Sin embargo, seguía viva allí.

Desde el porche de su casa, veía como el universo entero iba cayendo a pedazos en brazos de la noche.

Un pájaro agorero se posó en la misma rama de la que pendía la hamaca de sus hijos. Todos mayores. Todos lejos. Todos ajenos a su soledad.

Al levantarse, la mecedora crujió y el pájaro voló. Tiró la colilla y la aplastó con su bota. Un sonido lejano se fue haciendo más próximo.

Levantó la vista pero la oscuridad se había adueñado de todo.

Volvió a sentarse y, mientras se mecía, encendió otro cigarro.

El sonido cada vez más próximo. Su cigarro consumiéndose junto con sus pensamientos.

Ahora, el sonido se convirtió en el ronroneo de un motor. Y junto a la claridad que permitía identificarlo, se fue haciendo una luz débil en la curva que trazaba el camino comarcal con el sendero que llevaba a su finca.

Tocó bajo la pequeña mesa que sostenía un viejo florero vacío. El arma estaba allí, como siempre.

Se acomodó en el respaldo y cerró los ojos.

El coche se aproximó al portón y desde allí, pudo sentir con nitidez el cerrarse de la portezuela del coche.

Ahora, unos pasos que, sin urgencia, avanzaban por el camino de grava, denotaban la tranqulidad de quien conoce el terreno y no teme a la oscuridad.



Cuando tocó el cuerpo frío del arma despertó. Allí estaba otra vez. Sólo, en su mecedora, a oscuras en medio de la nada.



El horizonte seguía estando vacío. La noche volvió a tenderse boca abajo cubriéndolo todo. sin embargo, algo en él supo que nunca más estaría solo del todo.



miércoles, 8 de diciembre de 2010

Remake

La generosidad de mi amigo Ian,  ha vuelto a ponerle música a un poema que alguna vez leí... un poema escrito para siempre. Anteriormente, había publicado el enlace a otro blog, donde ya había hecho de mi voz, un elemento puesto con precisión por su genialidad (que no la mía!)

Hoy vuelvo a dejarles, en el título del poema, el enlace a la nueva versión de éstas, mis letras.





CAPITULACION

Del borde de tus pupilas
ha bajado una constelación
por la que vienes tallándome de asombro.

Mis piernas, enredadas en el cáliz azul
que me adivina,
invaden el espacio de tus mantas,
para perderse en el aura que dibuja el deseo.


Me siembras con tus ojos.

Creces en el siseo de la brisa,
la penumbra es un álamo que toca las raíces
de la noche profunda.

Navégame con ansias, amor,
susurro apenas
no escuchas mis palabras, has llegado hasta el eje
de mi respiración.

me tocas.

con el sensible tacto de tus ojos
que alargan la pasión más desnuda.

vienes adivinándome a tientas,
por el vado
en el que se han hundido las esperas.

Absurdas las agujas
giran, giran, y giran.

Nuestro tiempo es de anclarnos
en la fase más plena de la luna amarilla
de una noche cualquiera.

Todas tienen el marco
de las manos, los ojos, el temblor,
la llovizna de sal por la espalda,
gota
a
gota,
caemos de bruces en el prado rebelde
que nos hace rocío.

Torneas los rincones de mi cuerpo
con el oleaje lento de tus manos precisas.
Artesano del pulso de mi boca
y del monte que se incendia bajo tu soplo fresco.

Gota a gota te siento bendecir la derrota
del arco de mi espalda.

Sin urgencias
la noche se cae de rodillas.

Renuncio a la memoria de mis poemas mudos,
para guardar silencio.

Todavía en suspenso, me abandono a tu pecho
y escribo,
con la lengua y sin precios,
mi carta más extensa
de capitulación.


sábado, 4 de diciembre de 2010

in-con- paciencia (leyendo a Whitman)

                                                           Till the bridge you will need be form'd, till the ductile anchor hold,
Till the gossamer thread you fling catch somewhere, O my soul.

(A Noiseless Patient Spider, W. Whitman)









Volví a leer
ese poema de la tela y la hebra y el alma.

Algo me lo recordó
Iba a decir te odio, 
negra araña cuyas patas
unen esferas,
y una voz surgió en el promontorio
donde Walt Whitman escribió paciente.
Un frío en mordiente
en la punta de mis pies
huele a noche
sin ascuas para remover
cenizas.

hace frío y él
duerme como un niño
envuelto en el regazo de mi ausencia....

tres pasos y estaré a su lado,
volveré al reposo de las mantas,
mientras la araña sigue tejiendo
y Walt Whitman vuelve a enroscarse
en la temblorosa tela por la que camina
una hormiga
a punto de ser devorada
por la neblina del sueño.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Aprendiendo a Leer






estoy aprendiendo a leer.
sí.
creí que sabía, pero... héte aquí, que recién estoy aprendiendo. 
comenzando cada día un camino nuevo.
no se trata de letra. tampoco de música, ni siquiera, de un idioma.
voy aprendiendo a leer gestos,
a sonreir sonrisas,
a contener el llanto para derramarlo,
sin premura,
en su hombro.
voy dejando en el aire
una palabra que no tiene dueño
porque es mía.
me desdigo y repaso
sin osos que se asomen
ni diccionarios quietos.
intrépida,
me he lanzado a la vida
y leo en mis latidos
un paso que, avanzando, me sostiene,
me encanta y me seduce.

aprendo a construir
un pozal
que se guarda en el borde
un trampolín

y me lanzo, sin miedo,
a ser yo misma.

un día
cada
vez


alguien deja
que el dedo de su yema
surque sin migajas
el precipicio

y me sabe escribir
leer
y todo

sábado, 6 de noviembre de 2010

Mucho más que blanco y negro


M.Monroe, By M. Green



DESPERTAR

Un folio se desliza
bajo el lienzo intermedio
entre sueño y vigilia

no son mis propias manos
tampoco son mis ojos:
es el cuerpo del sueño
el que habita esta esfera
en la que me diluyo

pompa, humo o ameba,


un cuerpo que no es mío
lateralmente,
alienta mi respiración.

Es el cuerpo del sueño
- de tu sueño y el mío -
en simbiosis serena:

un suspiro que arrasa
con tantas tempestades
y nos deja,
fluídos
en el simple contacto
de piel salobre
y dulce

-se abre el amanecer -


(yo no escribí palabras
ellas me contuvieron
cuando me volví arrobo
de luz
en tus pestañas)




 

martes, 31 de agosto de 2010

Bon Voyage, Petite

Jean Seberg by Edward Quinn


Sentada en un rincón
parió una sombra,
escupió escarabajos amarillos,
mudó el alma de sábana a mortaja
y se dispuso a ser
madre por horas.


Luego tuvo a destajo
pesadillas,
derrumbóse en un alto de la alcoba
de tantos y de tantas,
se arrinconó a latir en el hueso de un dátil
ya que se hacía dulce
la salada expresión
de algún payaso.

También fue decreciendo
su vientre de semilla,
sus manos se volvieron
raíces de color rojo de sangre
(confundíanse a veces con cabellos
de hadas laboriosas)
y cuando, al fin,  su sombra
se hizo adulta
brincó hasta el blanco y negro paso cebra.

Allí la pueden ver,
funambulista
en asfalto azabache.

Va con libros 
debajo de sus alas
y jura que jamás
se pondrá esposas.

Allí va
alejándose a dos pasos de mi despedida
"un bon voyage
 un bon profit
 une bonne vie
 cette nuit est la meilleure
 parce qu'aujourd'hui le même j'ai découvert
 que toutes les petites petites filles
 c'est ma dépêche de moi
 comme une soeur"

Adiós, niña que fui
y hoy es un aura que se refleja
(vaho)
en mis espejos.




miércoles, 28 de julio de 2010

Fantasma en Silencio

[Foto: Brassai ( seudónimo de Gyula Halász (1899 - 1984, Rumania)]




Tuve los brazos lastimados
de abrazar fantasmas.
Hoy el tiempo, a contrapelo,
desnuda sus rojeces en la cúpula
de una maldición.
Escupiré en las líneas de tu mano
mi cansancio
y brotarán escarcha y soledad.
Aciaga cada racha de neblina
que en capas deposita
nieve, humo y ceniza
gestando en el silencio
un vendaval.

Las cortinas
han quedado raídas
y cuelgan
como espectros
en dos mitades de naranja,
zumo de locura,
sangre cítrica,
pagodas dibujadas con tinta invisible
en el interior de tu impecable americana.

Escupiré en las líneas de tu mano
y brotarán nudos en tu garganta.

Calma. Shhhh.... no desoves aún tus mil excusas.
Ténte en pie.
Come en el escaparate de frivolidades
un pastel de cilantro y maleficios.
Deténte. Haz silencio.
Mira fijo en mi ojo
y verás.

Allí está escrito mi cansancio
de fantasmas,

de ladrones de versos,
de niños con los cordones umbilicales
rotos por las ausencias,
de hombres sin valentía para el amor.

Pues vete. Ya te has ido.
Esfúmate de una vez. por las líneas de las manos
en las que, hace tiempo,
te has convertido en una mancha,
una razón de más
para el silencio.
Mírate en tu fantasma huyendo
sin descanso
por  el cristal que te refleja cada día,
tu vuelo es más gris
que la ceniza de cualquier volcán.

Tengo los brazos sucios
con manchas de cilantro y maleficios.

Nada que no se limpie con lejía  .




jueves, 15 de julio de 2010

Caligrafía de dos olvidos




¿En qué parte de tí
has olvidado las letras de mi nombre?
Punteagudas vocales
penetran consonantes
que invocan la señal
hacia el terco escenario
de mi ausencia.
Seguras, tus pestañas
protegen mi deseo en bambalinas
tramo inseguro
que anduve hasta mudarme
de planeta.

Tienes los labios fríos
y la boca se place en ocultarme.

¡Cuánto de fin del mundo
resultó la osadía de olvidarte!

Tienes las manos torpes
y todo lo que tocan
llevan algo de pátina de entonces.

Mas...ya ves:
la hora señalada
sigue siendo el insomnio en que me duermo
hablándole a las sombras
de tu cuello
almenar que sostiene
la voz que nunca supe.


En el alba del sueño

me pregunto también cómo se llaman
esas tres consonantes subvertidas
adentro de mi piel,
tatuaje que, invisible, te contiene:
sin vocales
sin voz
como el nombre de alguien
en la superficie infinita
de una lápida.





Foto: Max Sauco (Rusia)

viernes, 9 de julio de 2010

Valencia, algún día de mayo de 2010


La ciudad se ha tragado las voces y los colores. La noche se abre y cierra, como el abanico en las manos de una anciana en la sala de espera del ambulatorio.
Anda a pie juntillas sobre el muro y los tejados que componen una marea de vértices y aristas: trapecios sobre los que se mueren las estrellas detrás de las nubes.
Hoy el sol se ha batido a duelo con el viento y pudo, al fin, el remolino por sobre los planeos de las gaviotas.
En el vuelo, se mezclan los graznidos con los trinos y las alas se pliegan.
La ciudad regurgita la piel de un verano inminente.
Por un desfiladero, ha venido otra vez una palabra a cerrar la compuerta.... y liberarme






Tras los aviones
las estelas mezcladas
con nubes grises



martes, 6 de julio de 2010

Algo





Algo de muerte araña sus paredes
algo de imprecisión
algo de herida,
un viento subterráneo que desnuda
la prisa de mirar
por la ventana
o el gesto vagabundo de un cigarro
perdiéndose en la piel
de los cuadros sin marco
ni esqueleto.
Algo de girasoles boca a bajo,
de surco sempiterno
de neblina en la queja de los días
por venir
que anidan en la palma de sus manos.
Mira siempre el allá
aquel entonces
en el que sus rodillas caminaban
debajo de su pelvis
por encima del pie
sin otra huella
que el apuro por caer en cuclillas
sobre la hierba fresca
(reverdecer)

Algo de muerte muere en sus peldaños
cada día
mirando entre los haces de luz cayendo a pique
por hendijas cruzadas por cortinas.

Su cansancio matriz
su huella enclenque
sus bolsillos tan llenos de otros días
que no saben siquiera
el nombre de esos ojos
que le miran, tan fijo,
en los cristales
cuando la noche llega sin aviso
y el silencio
le habla a gritos sordos
en la ciega quietud
de su jardín reseco.

Algo de muerte
y otro día vivo
sus muñecas sin fiebre ni deseo
dejan surcar a fuego aún encendido
la sangre que delata su impaciencia.

Morir... ese aleteo.
Ese zumbido
que late en cada eco
de su respiración-.

miércoles, 9 de junio de 2010

Memoria






Infinita memoria de las cosas:
el tablero, los lápices, la aguja sin el hilo, el retazo de nada,
filamento de luz, los pares de preguntas sin respuesta,
la lana que se peina mientras algo, alguien (un ser tal vez innominado)
- o sí -
cuenta las cosas, esas cosas que surgen de la Nada.
Memoria
de mirarse en el espejo de aullar frente a la luna de los ojos del viento
cuando caen filamentos de luz entre las cosas
y la voz es de hilo, de retazos, sin agujas que sirvan para dar una hora
que limpie la memoria de lápices
en pares
de miradas de luna dispersas en la lana
que teje un cierto abrigo hecho de tantas cosas.

No es poesía la luna cuando, siendo mirada, se refleja en un solo filamento de la luz de palabras,
que la memoria olvida cuando pregunta, ciega, si hay lápices debajo
de los pares de puntos suspensivos,
con agujas tan sordas que cuelgan como voces debajo de las manos, donde se escucha el viento
detrás de la ventana y se piensa que, tal vez, es mejor
aguzar el tablero
escribir sin palabras
ser hoja de silencio
perdida en la memoria de tantas otras cosas.

mi poesía:
memoria
del
olvido.




Imagen: La Memoria, René Magritte

miércoles, 12 de mayo de 2010

Escribo


Escribo en el aire, en el agua, en el viento que silba ahí, frente a mis ojos. Y en las hojas de los árboles que se humedecen de aire y caen al agua en forma de reflejo. Escribo en la trastienda de la mañana que aún no quiere despertar, en la almohada de las cosas pequeñas que se cierran entre pétalos de rutina, para florecerme dentro, como un cántico mudo, como una garganta laberíntica que recorre desde mis manos hasta mis huesos. Escribo y, sin embargo, tan sólo miro hacia la calle, donde la ciudad despierta en fragmentos, donde la gente camina en parcelas, donde las pieles se ausentan de la vista para conformarse con un abrigo leve.

Escribo como si pensara. Pienso con diez dedos. Y digo lo que veo con los ojos cerrados.



martes, 27 de abril de 2010

Ciclos de Magia

................ Para Victoria, en su décimo cumpleaños.


Casi rozando la medianoche, seguía sin encontrarlas.
Abrió el cofre y su amiga Luciérnaga, iluminó lo profundo, lo que estaba debajo del fondo, esa parte de su arcón que rozaba el interior de las palabras.
Nada.

Luciérnaga hacía esfuerzos para que su luz fuese más potente, en procura de llegar allí donde las raíces de los pinos, los almendros, los cerezos, los olivos, la sequoyas, los chopos y hasta los ombúes, se tocan y convierten el centro del Universo en un racimo de preguntas con respuestas sólo factibles de hallar por un milagro.

Ese era su punto de inflexión: ¿qué podían decir las palabras sobre un milagro?

Tendrían que ser muchas y, últimamente, lograba ser más elocuente con los silencios. Aún con su milagro.
Luciérnaga, cansada, se fue a dormir. Entonces, llego el turno de la Rosa.

Su fragante textura fue extendiéndose por las paredes interiores del profundo arcón, devolviendo suavidad a los espacios más antiguos, generando una iridiscencia que lograba transmutar en formas hasta las estrías de la madera. El aroma de la rosa fue mezclándose con otros, más intensos y primitivos. Tierra húmeda, musgo, setas, hierba mojada, algas. Nada pudo lograr, sus pétalos se fueron debilitando y la oscuridad volvió a ganar el territorio de lo profundo.

El Universo de las Palabras no tiene límite, había sentenciado alguna vez el Albatros Ancestral.

La sentencia se convirtió en un eco en sus oídos, para transformarse en un gesto de impotencia que se tradujo en sus manos, en las que la pluma dormía, transfundida en la tinta todo su abatimiento.

Una mariposa sobrevoló su cabello, antes de acercarse a la luciérnaga y, aleteando sobre su linterna, logró despertarla y fue guiándola hasta un pequeño hueco en el Tronco Madre. Un panal dejaba caer generosas cantidades de miel cristalina, con un intenso perfume a azahares.

La luciérnaga bebió con lentitud y su luz se hizo más intensa.

La mariposa, y la luciérnaga se acercaron a una mata de arbustos, en medio de los cuales una campánula púrpura comenzaba a abrirse. Unas gotas de rocío cayeron desde una hoja hasta ella, en el preciso momento que un rayo de sol daba de lleno en el interior de la flor.

Rápidamente, tomaron una gota en un pequeño cuenco formado con una brizna de hierba y, al levantarla, el rayo penetró el vientre de agua, formando un arco iris que rebotó en el tronco Madre, salpicó a la Rosa, que - trémula - gestó un soplo de aire fresco y perfumado que, metido en la gota, fue a dar a las manos, tocando la pluma y cayendo, como una cascada, en el fondo del Arcón de las Palabras.

La luciérnaga se deslizó por el tobogán de agua de arco iris y, desde el interior, fue sacando palabras con la ayuda de la mariposa: algunas húmedas, otras, perfumadas, y también tibias, tiernas, temblorosas, sublimes. A medida que Luciérnaga subía palabras, la mano iba poniéndolas aquí y allá, entre las sábanas, bajo la mesa, sobre los cojines, revoloteando en los libros, pulsando en una maceta, pintando los muros.

Por fin, la tarea estaba concluida.

Dando un suave beso en el cabello a su amiga, Luciérnaga se fue a descansar. La Rosa, sintiendo que era el momento adecuado, se fue abriendo hasta lograr su máximo esplendor, convertiendo el instante en eterno., y la Mariposa, con el mismo sigilo que había llegado, se fue volando a otro bosque.

La luz era ya en el Territorio de la Magia.
El Tronco Madre volvía a dar sus frutos.
El Arcón de las Palabras dió un profundo bostezo y se cerró.

Era el día señalado y el Milagro volvía a repetirse. Un ciclo más y ya podían contarse diez ciclos desde el nacimiento de La Voz de la Magia.

Las Palabras dispuestas en cada cosa que la rodeaba, iba nombrándola con todas las letras. La Victoria era completa manifestación de Vida.


La tinta de los sueños se dejó llevar por una brisa que, tenuemente, comezó a soplar hacia el Levante. Allí fue, siguiendo el aire marino, para esconderse en una caracola.

Al envolverse en el interior de la caracola, el sonido del maro provocó un eco que trajo, nuevamente, la voz del Albatros Ancestral:

"Deja que tus sentidos hablen por tí. No pienses: siente. Y deja que la elocuencia de tu sensibilidad se transforme en aire, agua, fuego y tierra. Sé Tú el dueño absoluto de tu esencia. Conviértete en tus Palabras. Olvida el cuerpo. Sé Alma en ellas"

Un nuevo temblor: en su interior se agitaba un mar de palabras, El Nuevo Día había llegado.


Un nuevo ciclo de Luz para el Milagro que puso Voz a la Magia.



Valencia, 27 de abril de 2010

viernes, 16 de abril de 2010

SUCEDE QUE.....

Ayer leímos en el Taller un poema de Neruda que empezaba con "Sucede que... " pero se llamaba Walking Around... y no me copió a mí.
Tampoco pretendí copiarle a Neruda, para nada... este poema es de los viejos poemas, y me sucedían estas cosas.... algunas siguen sucediendo. Un poema de 2006. 


Pero a éste no lo botaría.... si no fuera porque Neruda puso en uno suyo.. "sucede que"... hasta lo pondría en un libro!...... pero lo dejo aquí. 

Testigos de la página de los cuentos pueden dar fe que es un viejo poema, escrito con la sangre, como todos los míos (sólo que los de ahora, son un tanto menos particulares, y al ser más universales, menos patéticos)

Aquí va...



SUCEDE QUE

Sucede que es de noche,
que el silencio es un grillo
ensañado con tu nombre.

Sucede que es el aura de la luna
pendiendo sobre el recuerdo
de los párpados vírgenes del insomnio.

Sucede que te veo
con los ojos abiertos, con el aire
meciendo mis pulmones.

Sucede que no es tarde
para llegar a tiempo,
que el día por venir
casi no espera,
que los pasos que dí
son arrastrados
por los que voy a dar.

Sucede que tu cuerpo
es el abrigo de las sábanas
el cómplice de la almohada,
el carcelero
del trino atenazado en las pestañas.

Sucede que el quizás
no es un por qué,
que el cómo
no pregunta para dónde,
que cuando digas qué,
te habré mirado
setenta veces siete.

Sucede que sucede este cansancio
al estreno del viento
en las pupilas,
que el rostro que dibujo
es como un aire conocido entre sueños,
descubierto en cuclillas sobre el pozo de sombras.

Y sucede por fin
que no hay quimeras,
que un día se me abrieron las compuertas
para dejar caer el espejismo
al cántaro de aire sostenido en las manos ciegas.

Sucede que soy un alfabeto
Invertido en la felpa de la mesa,
que las letras me nombran
y tengo identidad
en la palabra.
No va más.
Hagan juego.

Sucede que es un día
como todos
que aquello general
se hace indiviso
cuando la masa conjetura
un cuerpo simple.

Sucede que te miras al espejo
para decir buen día
y yo aquí, causalmente, detenida,
con mi rostro mirando el cielo raso
estoy ausente y vos tan ajeno....

que  parece que nada me sucede.



(escrito y publicado en la página de los cuentos en el Año 2006)

Un Reto, Un Cuento

Ya comenté sobre los retos de La Página de los cuentos, 

Esta vez la consigna, para el Reto Prosa  era escribir algo que tuviera que ver con el hecho de poner un nombre a algo o alguien (persona, perro, etc). La Palabra obligada era: desnuda/o
Mi cuento quedó en un segundo lugar compartido con dos excelentes escritores.



Nadia, como mi mejor amiga


Permanecía desnuda, apenas cubierta con una sábana que olía a humedad. Susana se mantenía silenciosa, con la mirada baja y en silencio, tomando su mano.
Paseó su mirada por todo aquello que, al alcance de su vista, conformaba el escenario donde se llevaría a cabo su acto más cobarde.
Una imagen de la Virgen del Pilar. A los lados, velas medio consumidas, cuyo olor rancio se sumaba al que imperaba en el cuarto. Unos cuadros de chicos desconocidos para ella, con marcos dorados y en colores desleídos por el paso del tiempo. Una mesa, dos sillas - una de las cuales ocupaba Susana - una cocina , una heladera pequeña, un soporte con una palangana en el que la mujer se lavaba las manos comentando lo bien que se vivía en el barrio desde que habían metido preso al cabecilla de una de las bandas de ladronzuelos más conocidas en la ciudad.
Nadia, ajena a todo, dibujaba con un dedo formas indefinidas en su vientre.

- A ver querida, abríme bien las piernas.

Cerró los ojos y sin dejar de tocarse el vientre, canturreaba para sí todas las canciones de cuna que conocía. Putas canciones de cuna. Maldita enfermera revolviendo su vagina con distintos instrumentos
apenas desinfectados con un poco de alcohol. Ardor, dolor, repulsión. Susana susurró algo y salió del cuarto.

- Bueno querida, ya está mi amor. Tomáte el antibiótico que te hice comprar y cualquier cosa me llamás por teléfono. Pero no te preocupes, tomaste la mejor decisión.

Se puso en pie como pudo y entró Susana. Tenía los ojos rojos. Como ella. Tenía el cabello teñido de borrabino. Como ella. Tenía 42 años. Como ella. Estaba sola. Como ella. Eran amigas hacía muchos años.

Y no era tan cobarde como ella.

Le ayudó a vestirse y la tomó del brazo al salir.
La luz de la calle la cegó. Buscaron un taxi. Subió ella
primero, acomodándose como puedo para soportar el dolor. Luego, subió Susana, que dio la dirección y mirando por la ventanilla, ambas se mantuvieron silenciosas hasta que el conductor, tal vez incómodo por la situación, miró por el espejo retrovisor a Susana y le preguntó:

- ¿Para cuando el niño, señora?

Susana carraspeó y se tocó el vientre abultado:

- Para dentro de dos meses. Y es niña.

- ¡qué bien! los hijos siempre vienen con un pan bajo el
brazo...y... ya tiene nombre?

Susana miró a Nadia, le tomó la mano y respondió:

- Nadia, como ella. - y mirando al taxista – que es mi mejor amiga.

- Ah, dijo el taxista, hace bien. Los buenos amigos duran más que los hijos, que suelen ser tan ingratos.

Nadia se reclinó en el asiento mientras el hombre seguía hablando, pero ya no lo escuchaba. Aferrándose a la mano de su amiga, cerró los ojos y comenzó a rozar su vientre con un dedo dibujando formas diferentes.

Sólo que ahora ya no canturreaba ninguna canción de cuna.